El asma alérgica afecta a la respiración y puede ser desencadenada por el polen y los ácaros. Conozca los síntomas, las causas y las medidas eficaces para controlar las crisis.
El asma alérgica es una afección respiratoria caracterizada por la inflamación crónica de las vías respiratorias pulmonares. Se manifiesta con síntomas respiratorios marcados, condicionados por una hiperreactividad bronquial frente a diversos alérgenos comunes que son inofensivos para la mayoría de la población.
En Portugal, la Encuesta Nacional sobre el Asma (INAsma) estimó que alrededor del 7% de la población (6,8%) tiene asma activa. El asma alérgica es el fenotipo de asma más frecuente y, de media, comienza antes que el asma no alérgica, según una revisión científica.
Clínicamente, se presenta como episodios recurrentes de “falta de aire”, sibilancias (pitidos en el pecho), opresión en el pecho o tos. La intensidad de los síntomas es variable: puede ser leve, moderada o grave. La calidad de vida se ve afectada en distintos grados, según la intensidad y la frecuencia de los episodios.
Es importante reconocer los síntomas del asma alérgica para evitar, minimizar y gestionar las crisis con eficacia. En este artículo, descubrirá cómo se manifiesta la enfermedad, cómo se diagnostica y se trata, y qué medidas puede adoptar en casa para reducir la exposición a los alérgenos.
¿Qué es el asma alérgica?
Es un tipo de asma en el que se produce una respuesta “alérgica” a determinadas sustancias presentes en el aire. Existen otros tipos de asma, desencadenados por estímulos diferentes, como:
- el ejercicio físico;
- la sensibilidad emocional;
- la reactividad a medicamentos;
- las infecciones víricas;
- el aire frío, entre otros.


El asma alérgica y la rinitis alérgica comparten muchos mecanismos y aparecen con frecuencia en la misma persona, como describe una revisión científica de 2022. En ambos casos, las exacerbaciones pueden desencadenarse por la exposición a alérgenos presentes en el aire.
Además de los alérgenos, el SNS 24, servicio de información del Servicio Nacional de Salud portugués, señala la contaminación, el humo del tabaco y la exposición a agentes irritantes (vapores, gases y humos) como factores que contribuyen al asma.
¿Cuáles son los alérgenos más comunes?
En el aire exterior
- pólenes;
- contaminantes atmosféricos (procedentes del tráfico, de zonas industriales y de incendios).
En Portugal, los boletines polínicos de la Red Portuguesa de Aerobiología, de la SPAIC, destacan en primavera y a principios de verano los pólenes de árboles como el olivo y de hierbas como las gramíneas y las urticáceas (que incluyen la parietaria).
En el aire interior
- esporas de hongos y moho (en ambientes húmedos y cálidos, con una renovación del aire insuficiente);
- polvo y partículas biológicas (excrementos de ácaros, restos de insectos);
- pelo y descamación de la piel de los animales domésticos;
- irritantes químicos, que pueden agravar los síntomas (humo del tabaco, sprays y aerosoles, productos de limpieza muy clorados, amoniacales o de olor fuerte).
Los ácaros del polvo se concentran sobre todo en el colchón y en el dormitorio, pero también en almohadas, edredones, sofás tapizados, moquetas y alfombras. Necesitan humedad y temperatura relativamente elevadas y, según la SPAIC (Sociedad Portuguesa de Alergología e Inmunología Clínica), el colchón es la principal fuente de ácaros del polvo doméstico. Por eso, el dormitorio merece especial atención.


¿Qué ocurre en los bronquios durante una crisis?
En una crisis asmática, el diámetro de los bronquiolos (vías respiratorias de pequeño calibre) disminuye por la reactividad a estímulos “irritantes” para la mucosa respiratoria. Esto provoca:
- espasmos (contracción) de los pequeños músculos que rodean los bronquiolos;
- hipersecreción de moco;
- edema de la mucosa bronquial.
En conjunto, estos factores dificultan el paso del aire y causan la sensación de “falta de aire” y dolor en el pecho.
La exposición continua a los alérgenos puede agravar la inflamación y hacerla crónica, lo que provoca daños estructurales seguidos de una remodelación de las vías respiratorias, que, progresivamente, se vuelven más susceptibles a las crisis.
Como el perfil alérgico varía de una persona a otra, es importante contar con un diagnóstico preciso y un plan preventivo y terapéutico adaptado a cada caso. Esto puede requerir el seguimiento por parte de un médico alergólogo, especializado en el manejo eficaz de los distintos tipos de asma alérgica.
Síntomas del asma alérgica
Los principales síntomas del asma alérgica son:
- sibilancias (pitidos en el pecho);
- dificultad respiratoria (sensación de falta de aire);
- sensación de opresión o dolor en el pecho;
- tos seca persistente.
Los síntomas tienden a empeorar por la noche y en las primeras horas de la mañana, según el SNS 24, y tras la exposición a un alérgeno conocido: al limpiar el polvo, en contacto con un animal o en días de mucho polen.
Asma intermitente o persistente
El asma puede clasificarse como intermitente o persistente, y la persistente puede ser leve, moderada o grave, según la intensidad y/o la frecuencia de los síntomas. En algunos casos, el asma alérgica pasa de intermitente a persistente.
- Casos leves: las sibilancias y la tos aparecen de forma esporádica y sin gran impacto en la vida cotidiana.
- Casos moderados: la dificultad respiratoria es más marcada y puede limitar las actividades diarias y perjudicar el sueño.
- Casos graves: la disnea (falta de aire) se vuelve intensa y/o persistente, y pueden producirse crisis asmáticas que requieren intervención médica urgente.



Signos de alarma: cuándo buscar ayuda urgente
Acuda de inmediato a un servicio de urgencias o llame al 112 si nota alguno de estos signos de crisis grave:
- dificultad para hablar, pudiendo decir solo palabras sueltas;
- labios o cara de color azulado;
- falta de aire intensa incluso en reposo, o respiración muy rápida, usando los músculos del cuello y de entre las costillas para respirar;
- ninguna mejoría tras usar el inhalador de alivio según su plan de acción, o empeoramiento en cualquier momento;
- somnolencia o confusión.
En caso de duda, contacte con la línea de salud de su país (en Portugal, SNS 24: 808 24 24 24).
¿Cómo se diagnostica el asma alérgica?
El diagnóstico del asma alérgica requiere una evaluación médica, ya que existe una gran variabilidad de condiciones y factores que influyen en cada caso clínico. Según la guía de la APMGF (Asociación Portuguesa de Medicina General y Familiar), el diagnóstico es esencialmente clínico, basado en la identificación de síntomas típicos (disnea, sibilancias, tos o sensación de opresión torácica), y se confirma con pruebas que muestran una limitación variable del flujo de aire.
El diagnóstico se apoya en pruebas complementarias:
- pruebas de función respiratoria (espirometría y otras), que permiten evaluar la función pulmonar e identificar limitaciones del flujo respiratorio;
- pruebas de provocación bronquial (por ejemplo, con metacolina) o de esfuerzo, que evalúan la hiperreactividad de los bronquios;
- prueba broncodilatadora, que comprueba si la obstrucción al flujo de aire mejora tras un broncodilatador;
- pruebas cutáneas de alergia (prick test) o análisis de sangre (IgE específica), que confirman los alérgenos a los que la persona está sensibilizada.
¿Asma alérgica, bronquitis crónica o EPOC?
Para garantizar un tratamiento adecuado y eficaz, es imprescindible diferenciar el asma alérgica de otras enfermedades respiratorias, como:
- Bronquitis crónica: tos crónica con expectoración, causada por la inflamación de las vías respiratorias.
- Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC): además del tabaco, puede estar asociada a la exposición laboral a polvos, humos o sustancias químicas. Con la progresión, la falta de aire dificulta cada vez más las actividades diarias y, según la OMS, la EPOC no tiene cura.
Tratamiento del asma alérgica
A pesar de las mejoras significativas de las últimas décadas, el tratamiento del asma alérgica sigue siendo un reto. El control óptimo del asma requiere intervenciones farmacológicas apropiadas, adaptadas al contexto clínico y a las necesidades y características de cada paciente, así como la aplicación de medidas que prevengan el desencadenamiento de las crisis.
¿Qué tomar para el asma alérgica?
Existen varias opciones terapéuticas para el control del asma, que se aplican según los niveles de gravedad clínica. Los fármacos utilizados en el tratamiento del asma se dividen en dos clases:
- Medicación de control: se utiliza para reducir la inflamación, controlar los síntomas y disminuir el riesgo futuro de exacerbaciones y de deterioro de la función pulmonar.
- Medicación de rescate: para aliviar los síntomas durante las exacerbaciones o cuando el asma empeora.



Los medicamentos más utilizados son los broncodilatadores y los corticosteroides inhalados, fundamentales para aliviar los síntomas y controlar la inflamación de las vías respiratorias. Cuando los inhaladores no bastan, el médico puede añadir otros fármacos, como el montelukast, y, en el asma grave no controlada, terapias biológicas inyectables.
Nunca inicie, modifique ni suspenda la medicación sin indicación médica, aunque los síntomas mejoren.
Inmunoterapia: las “vacunas” para la alergia
Al igual que en la rinitis alérgica, la inmunoterapia con alérgenos es una opción de tratamiento a largo plazo. Estas “vacunas” para la alergia se administran durante varios años (generalmente de 3 a 5) y buscan que el organismo reaccione menos a los alérgenos específicos. Según la SPAIC, pueden estar indicadas en pacientes seleccionados con rinitis, asma o eccema atópico.
Qué hacer en una crisis de asma
Cuando aparece una crisis asmática aguda, es imprescindible actuar con rapidez: siéntese erguido, intente mantener la calma y use el inhalador de alivio según el plan de acción definido por su médico, como recomienda el NHS. Si la crisis persiste o empeora, debe acudir a un servicio de urgencias (revise los signos de alarma anteriores).
Es imprescindible un seguimiento médico regular para mantener los síntomas controlados, preservar la función pulmonar y detectar efectos adversos del tratamiento. Para el éxito de la terapia, también es imprescindible un componente educativo: la persona con asma debe cumplir el tratamiento y aprender la técnica correcta de inhalación.
Prevención: cómo controlar el asma alérgica en el día a día
Existe una estrecha relación entre el asma alérgica y la rinitis alérgica. Más del 80% de las personas con asma tienen rinitis alérgica y hasta el 40% de las personas con rinitis alérgica tienen también asma. La rinitis alérgica se asocia además a un mayor riesgo de desarrollar asma. Por eso, parte de las medidas preventivas es común a ambas situaciones.
Las medidas para controlar el asma alérgica son preventivas y se orientan, caso por caso, según el diagnóstico médico. En términos generales, se centran en reducir la exposición a los factores que desencadenan las crisis y en fortalecer la salud respiratoria. Hay dos grupos clave de medidas preventivas:
Reducir el contacto con los alérgenos
Las medidas respiratorias consisten en disminuir el contacto con los agentes alergénicos:
- Ventilar a diario los espacios interiores y, siempre que sea posible, exponer el dormitorio y la ropa de cama al sol: según la SPAIC, la radiación ultravioleta y la disminución de la humedad reducen la supervivencia de los ácaros.
- Corregir la humedad y eliminar mohos y hongos. La SPAIC recomienda mantener la humedad relativa por debajo del 50% para reducir el crecimiento de ácaros y hongos: un higrómetro sencillo ayuda a controlar este valor.
- Limpiar la casa y lavar la ropa de cama con frecuencia para reducir ácaros y polvo. La SPAIC recomienda lavar sábanas, fundas de almohada y edredones regularmente a 60 °C (la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) indica lavar las sábanas cada semana) y aspirar la casa, sobre todo el dormitorio y el colchón, al menos dos veces por semana. Los aspiradores con filtro HEPA han demostrado reducir la concentración de ácaros, hongos y alérgenos de animales.
- Reducir los materiales que acumulan polvo (cortinas, moquetas, alfombras y sofás de tela), preferir edredones y almohadas de fibras sintéticas y usar fundas antiácaros en los colchones y en las almohadas, que la SPAIC considera eficaces para controlar estos alérgenos.
- Alejar a los animales domésticos o, al menos, mantenerlos fuera del dormitorio.
- Considerar un purificador de aire interior con filtro HEPA como medida complementaria: según la EPA, varios estudios con purificadores portátiles HEPA han observado mejoras en uno o más síntomas de alergia o asma, aunque no siempre importantes.
- En caso de sensibilidad a los pólenes: mantener las ventanas cerradas durante la temporada de polen y planificar las salidas de casa según los boletines polínicos de la Rede Portuguesa de Aerobiologia (Red Portuguesa de Aerobiología).
- En caso de asma ocupacional: adoptar medidas de mitigación y protección en el lugar de trabajo.
Alimentación y salud intestinal
Las medidas alimentarias y digestivas son todavía un área de investigación: un ensayo clínico de 2021 sugiere que ciertos probióticos, junto con el tratamiento habitual, pueden ayudar a aliviar los síntomas del asma, pero la evidencia aún es limitada. Puede leer más en la sección correspondiente del artículo Rinitis alérgica: qué es, causas, síntomas, prevención y tratamiento.


Ejercicio físico y capacidad respiratoria
Paralelamente a las medidas preventivas, se recomienda la práctica regular de ejercicio físico. Según el SNS 24, las personas con asma pueden (y deben) practicar deporte: la natación, caminar o el remo ayudan a desarrollar los músculos respiratorios. Haga un calentamiento gradual, tenga siempre el inhalador a mano y evite el ejercicio con aire muy frío, seco o contaminado. Si el ejercicio le provoca síntomas, hable con su médico: a menudo, un ajuste del tratamiento permite mantener la actividad física con seguridad.
La adopción de estas prácticas, junto con el tratamiento médico, contribuye a controlar el asma alérgica, ayuda a prevenir síntomas y reduce el riesgo de crisis, como indica el NHS.
Preguntas frecuentes sobre el asma alérgica
¿El asma alérgica tiene cura?
Hasta el momento, no existe una cura definitiva. Con el tratamiento adecuado y una menor exposición a los alérgenos, la mayoría de las personas consigue mantener la enfermedad controlada y llevar una vida normal. La inmunoterapia puede reducir, a largo plazo, la sensibilidad a alérgenos específicos.
¿Qué diferencia hay entre el asma alérgica y la rinitis alérgica?
La rinitis afecta sobre todo a la nariz (estornudos, congestión, picor). El asma afecta a los bronquios (falta de aire, sibilancias, tos). Ambas comparten mecanismos y aparecen a menudo juntas.
¿Un purificador de aire ayuda a controlar el asma alérgica?
Un purificador con filtración HEPA puede reducir algunas partículas en suspensión en el aire, como parte de los alérgenos de animales, algunas esporas de moho y el humo. Según la EPA, varios estudios han observado mejoras en uno o más síntomas de alergia o asma, aunque no siempre importantes. Es una medida complementaria al tratamiento médico y tiene más sentido en el dormitorio, donde pasa más horas seguidas. Las partículas más grandes, como el polen y los alérgenos de los ácaros, se depositan rápidamente y difícilmente llegan al filtro, por lo que la limpieza y el cuidado de la ropa de cama siguen siendo esenciales. Conozca las soluciones de purificación de aire de Filtrarte.
¿Puede aparecer el asma alérgica en la edad adulta?
Sí. Aunque comienza con más frecuencia en la infancia, puede aparecer a cualquier edad. En adultos, puede estar relacionada, por ejemplo, con la exposición a ciertas sustancias en el lugar de trabajo.
Cómo controlar el asma alérgica: lo esencial
Identificar los síntomas del asma alérgica y mantener un seguimiento médico regular son pasos fundamentales para prevenir crisis y complicaciones. Además, es imprescindible adoptar medidas preventivas, como evitar los alérgenos, y mantener la práctica regular de ejercicio físico adecuado. Junto con el tratamiento, estas medidas ayudan a mantener la enfermedad controlada.
Si identifica síntomas de asma alérgica, consulte a un especialista para iniciar un tratamiento personalizado o para descartar otros trastornos respiratorios.
En el asma alérgica, un purificador de aire con filtro HEPA puede ser un complemento útil al tratamiento: una revisión sistemática de ensayos clínicos asoció el uso de filtros de aire a menos síntomas, aunque sin diferencias en el uso de medicación, y los autores subrayan que se necesitan estudios más sólidos.
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El conocimiento y el acceso a información fiable son valiosos. Por eso, le invitamos a explorar otros artículos, como los que hemos dedicado a la rinitis alérgica y a la conjuntivitis alérgica, para elegir cómo mejorar su salud respiratoria y vivir de forma más agradable.
El primer fenómeno de la Vida es la Respiración, por eso, ¡Cuide su Salud Respiratoria!
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Por el Equipo de Expertos de Filtrarte
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