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Quemadura solar: cómo tratarla de forma segura

Introducción: ¿qué es una quemadura solar?

La quemadura solar es una quemadura producida por una exposición excesiva a la radiación ultravioleta (UV) del sol sin la protección adecuada. Es más frecuente en verano, cuando los días son más largos y las temperaturas invitan a pasar más tiempo al aire libre en actividades de ocio, deporte o trabajo. A menudo, las personas solo se dan cuenta de que se han expuesto demasiado al sol cuando la piel ya está roja, caliente y dolorida o les escuece.

Según la Organización Mundial de la Salud, la exposición excesiva a la radiación UV provoca quemaduras solares y, a largo plazo, envejecimiento prematuro de la piel y cáncer de piel. Evitar la exposición al sol entre las 11:00 y las 17:00, como recomienda la Dirección General de Salud de Portugal (DGS), y llevar sombrero y ropa adecuada son algunas de las mejores medidas preventivas.

Síntomas y grados de las quemaduras solares

Las quemaduras solares suelen ser de primer o segundo grado. En la quemadura solar de primer grado solo se ve afectada la epidermis, la capa más externa; en la de segundo grado, la quemadura es más profunda y afecta también a la capa siguiente, la dermis (MedlinePlus). Cuanto más profunda es la quemadura, más grave es. Los síntomas de una quemadura solar dependen sobre todo de la profundidad y la extensión de la quemadura.

En las quemaduras de primer grado, los síntomas son enrojecimiento, dolor al tacto o escozor, sensación de calor e hinchazón. En las de segundo grado, estos síntomas son más intensos y aparecen ampollas: según la Academia Estadounidense de Dermatología, la piel con ampollas indica una quemadura solar de segundo grado. Según la extensión de la zona afectada, también puede haber fiebre muy alta, escalofríos, mareos, náuseas, cansancio intenso, dolor de cabeza o calambres musculares: según el NHS, una quemadura solar grave puede provocar agotamiento por calor y golpe de calor, por lo que estos signos requieren atención médica urgente.

Qué hacer si se ha quemado con el sol

En cuanto sufra una quemadura solar, salga del sol y busque la sombra. Las quemaduras de primer grado son las más frecuentes y suelen requerir cuidados sencillos: enfríe la piel con compresas de agua fría o con una ducha o un baño de agua fresca, como recomiendan la DGS y el NHS, lo que ayuda a aliviar el dolor.

A continuación, aplique un producto para después del sol o una crema hidratante sin perfume, preferiblemente en espray o en espuma, ya que son fáciles de aplicar y no causan dolor. Las cremas hidratantes con aloe vera ayudan a calmar la piel quemada por el sol, según la Academia Estadounidense de Dermatología; si utiliza la planta, aplique solo el gel del interior de la hoja, que es distinto del látex de la capa exterior (NCCIH). Para el dolor, puede tomar paracetamol o ibuprofeno, siguiendo las indicaciones del prospecto.

La quemadura solar atrae líquido hacia la superficie de la piel y lo aleja del resto del organismo, por lo que es importante beber más agua (AAD) y evitar el alcohol (NHS). El hidrógeno molecular, presente en el agua hidrogenada, se ha estudiado en las lesiones cutáneas causadas por la radiación ultravioleta, pero sobre todo en modelos animales, según una revisión de 321 artículos originales; no hay pruebas de que trate las quemaduras solares, y el agua corriente es suficiente para rehidratarse.

Busque atención médica urgente (en Portugal, contacte con el SNS 24 o con su médico) si la piel tiene ampollas o está hinchada, si tiene fiebre muy alta o escalofríos, si se siente muy cansado, mareado o con náuseas, si tiene dolor de cabeza o calambres musculares, o si un bebé o un niño pequeño tiene una quemadura solar (NHS). La DGS también aconseja buscar ayuda médica cuando la quemadura cubre una gran parte del cuerpo o cuando la persona afectada es un niño o una persona mayor.

Qué evitar en caso de quemadura solar

En caso de quemadura solar, hay precauciones que ayudan a evitar que las lesiones empeoren y a favorecer una recuperación segura. No aplique bolsas de hielo sobre la piel quemada, como aconseja el NHS, ni alcohol, mantequilla o aceites grasos (DGS). También es importante no frotar la piel, ni siquiera al ducharse, no arrancar la piel que se pela, evitar la ropa ajustada y evitar los exfoliantes o productos agresivos, que pueden irritar aún más la zona afectada. Tratar la piel con suavidad la ayuda a recuperarse.

Otra precaución fundamental es no reventar las ampollas: las ampollas se forman para ayudar a la piel a curarse y para protegerla de las infecciones, así que manténgalas limpias. Reventarlas puede causar dolor y aumentar el riesgo de infección. En los días siguientes, evite una nueva exposición al sol (DGS) y mantenga la piel quemada protegida de la luz solar directa hasta que se haya curado (NHS). La piel dañada necesita protección y tiempo para recuperarse.

Para un tratamiento eficaz de las quemaduras solares, mantenga la piel bien hidratada con cremas calmantes para después del sol (como las de aloe vera) y beba mucha agua.

Si los síntomas mencionados son graves o persistentes, consulte a un profesional sanitario.

Productos recomendados para aliviar las quemaduras solares y regenerar la piel

Existen varios productos que ayudan a aliviar las molestias de las quemaduras solares y a favorecer la recuperación de la piel. Entre los más utilizados están las lociones o cremas a base de calamina, pantenol y aloe vera. La loción de calamina, un preparado que contiene óxido de zinc (MedlinePlus), puede ayudar a aliviar las molestias, según la Academia Estadounidense de Dermatología.

El pantenol (dexpantenol) es un derivado del ácido pantoténico (vitamina B5) que actúa como hidratante y ha mostrado un efecto antiinflamatorio en el eritema inducido experimentalmente por la radiación ultravioleta (Ebner et al., 2002). El gel de aloe vera tiene un efecto calmante, y la investigación clínica sugiere que su aplicación sobre la piel puede acelerar la curación de las quemaduras y reducir el dolor (NCCIH). Elija productos sin perfume (NHS) y no aplique alcohol sobre la piel quemada (DGS), ya que pueden irritar una piel ya inflamada.

Si la quemadura solar causa un dolor importante, malestar o fiebre leve, puede tomar analgésicos como el paracetamol o el ibuprofeno, siguiendo las indicaciones del prospecto (NHS); en caso de duda, consulte a su farmacéutico o a su médico.

Estas precauciones son esenciales para quien quiera saber cómo tratar una quemadura solar y reducir al mínimo el tiempo de recuperación y las cicatrices. Pero, para mantener la piel sana durante el verano, la prevención sigue siendo la mejor protección.

Cómo prevenir las quemaduras solares en el futuro

La mejor protección frente a la exposición excesiva al sol pasa por una serie de medidas recomendadas por la DGS: evitar la exposición solar entre las 11:00 y las 17:00; llevar ropa que evite la exposición directa de la piel al sol; llevar sombrero, preferiblemente de ala ancha, y gafas con protección frente a la radiación UVA y UVB; permanecer a la sombra; y usar correctamente el protector solar. Según el IPMA (Instituto Portugués del Mar y de la Atmósfera), la mejor protección para la piel es llevar ropa adecuada, y el NHS aconseja no confiar únicamente en el protector solar.

Antes de salir, consulte el índice ultravioleta (índice UV), que mide el nivel de radiación UV: cuanto más alto es el valor, mayor es el potencial de daño para la piel y los ojos, y la OMS recomienda protegerse siempre que el índice sea igual o superior a 3. En Portugal, el IPMA publica a diario la previsión del índice UV: en el nivel moderado, recomienda gafas de sol y protector solar; en el nivel alto, también sombrero y camiseta; en el nivel muy alto, también sombrilla y evitar la exposición de los niños al sol; y en el nivel extremo, evitar al máximo la exposición solar.

Los niños merecen cuidados especiales: debido a la gran sensibilidad de su piel y a los efectos acumulativos de las quemaduras solares, constituyen un grupo de riesgo (IPMA). La DGS recomienda que los bebés menores de seis meses no se expongan al sol, que se evite la exposición directa de los niños menores de tres años y que los niños también lleven sombrero y gafas de sol (DGS).

Un protector solar adecuado debe tener un factor de protección solar (FPS) de 30 o superior (DGS) y proteger frente a la radiación ultravioleta A y B (UVA/UVB). La Recomendación 2006/647/CE de la Comisión Europea indica que la protección UVA debe ser, como mínimo, un tercio del FPS y que ningún protector solar ofrece una protección del 100 %. Lea también el artículo «Cuidado de la piel en verano».

Además, es importante que cada persona conozca la sensibilidad de su piel al sol: las personas de piel clara y pelo pelirrojo son el grupo más sensible (IPMA) y, para los tipos de piel I y II, el IPMA recomienda FPS 50+ cuando el índice UV es igual o superior a 7 (IPMA). La piel más oscura es menos vulnerable, pero también puede desarrollar cáncer de piel (OMS).

El protector solar debe aplicarse generosamente antes de la exposición (IPMA) y reaplicarse cada dos horas, sobre todo después de bañarse en el mar, el río o la piscina, o de sudar mucho (DGS). La cantidad también importa: la Comisión Europea indica unos 36 gramos (aproximadamente 6 cucharaditas) para el cuerpo de un adulto medio, y aplicar la mitad de esta cantidad puede reducir la protección hasta en dos tercios.

Algunos ingredientes activos de los protectores solares pueden pasar al torrente sanguíneo: un ensayo clínico de investigadores de la agencia estadounidense del medicamento (FDA) los detectó en plasma por encima del umbral por debajo del cual la FDA admite prescindir de algunos estudios de seguridad adicionales, aunque los autores subrayan que estos resultados no significan que se deba dejar de usar protector solar. La OMS advierte también de que el protector solar no debe utilizarse para prolongar el tiempo que se pasa al sol, por lo que evitar las horas de mayor radiación sigue siendo esencial.

Durante el verano, también es importante mantenerse hidratado: la DGS recomienda aumentar la ingesta de líquidos (agua o zumos de fruta naturales, sin azúcar añadido) y evitar las bebidas alcohólicas y las muy azucaradas. Los alimentos ricos en polifenoles (antioxidantes), como los tés verde y blanco, el cacao, las pepitas de uva, el propóleo y la maca, se han estudiado por su posible protección frente a las quemaduras solares: una revisión de 15 estudios, en personas y en animales, encontró cierta evidencia de beneficio, pero los estudios aún son limitados y estos alimentos no sustituyen a la protección solar. El cuidado de la piel en verano está bien establecido, y adoptar estas medidas es una actitud responsable e inteligente.

Conclusión

Durante el verano, es importante fomentar la adopción de medidas de protección frente a la exposición solar excesiva, de forma correcta y constante, entre nadadores, deportistas y personas cuyo trabajo implica una exposición prolongada al sol.

Y, en caso de quemadura solar, debe apartarse del sol y actuar de inmediato. Puede ser necesaria una intervención médica, como se ha indicado en los apartados 3, 4 y 5 anteriores.

Adoptar una rutina de cuidado de la piel en verano no solo previene las quemaduras solares, sino que también contribuye a una piel más sana e hidratada. Los protectores solares pueden ayudar a prevenir los daños asociados al fotoenvejecimiento y algunos tipos de carcinoma cutáneo (Comisión Europea), y la protección frente a la radiación UV reduce el riesgo de envejecimiento prematuro y de cáncer de piel (OMS). Como en otros ámbitos de la salud, la prevención es la solución más inteligente, ya que muchos de los daños causados por el sol pueden evitarse con medidas de protección sencillas. Es muy importante conocer su piel, estar atento y escuchar a su cuerpo, así que no se arriesgue.

Si desea saber más, lea también: «Cuidados esenciales de la piel en verano» y «Hidrógeno molecular» o la bibliografía que figura a continuación.

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